Can Prunera
Can Prunera es el casal modernista por antonomasia, ya que contiene todos los elementos posibles, desde la fachada, ricamente trabajada, hasta los interiores, donde encontramos todo tipo de detalles de este estilo y un mobiliario exquisito, a menudo hecho a medida, en las estancias principales.
Haciendo una descripción más ordenada, hay que decir que la casa consta de planta baja, dos pisos y un sótano. La fachada, toda revestida de piedra gris con los sillares almohadillados, transmite una sensación de solidez muy importante. También en la fachada destacan las aberturas, sobre todo del primer y segundo piso, ya que las líneas curvas aparecen incluso en la estructura de las persianas, donde las fajas de piedra que las enmarcan tienen grabada una decoración floral y la serpentina típica del modernismo.
En la misma planta cabe hablar del balcón, totalmente ondulante y con un rico trabajo de forja, no solo en la barandilla, sino también en los florones de anclaje a la pared. Este inmueble representa a la perfección ese anhelo de dar a conocer la riqueza adquirida y se reafirma como casa burguesa, ya que su promotor también fue fundador del Ferrocarril de Sóller S.A., miembro de la junta del Banco de Sóller e, incluso, alcalde del municipio por el partido maurista entre 1918 y 1920.
Un hecho muy curioso es que todo este esplendor se desvanece en la fachada posterior, la que da al jardín. Aquí encontramos un frontis de gran sobriedad y simetría, en un estilo completamente tradicional. Tan solo las fajas de las ventanas nos indican que esta elección más mallorquina es completamente premeditada y no se debe a que se acabara el dinero, ya que también están hechas con piedra gris y no revestidas de cemento. Sencillamente, ya no hacía falta demostrar nada en el jardín, y menos aún cuando el visitante ya había pasado por toda la casa.
Como hemos dicho anteriormente, en diversos emplazamientos de Can Prunera encontramos la típica serpentina modernista. Esta es denominada coup de fouet en el Art Nouveau francés y, como su nombre indica, hace referencia al movimiento en zigzag que hace la punta del látigo cuando chasquea en el aire, es decir, un golpe de látigo.






