Un viaje mágico
al modernismo de Sóller
RUTA DEL MODERNISMOEl modernismo llegó a Sóller gracias a una historia marcada por el esfuerzo y la emigración.
A mediados del siglo XIX, el valle vivía un gran momento gracias a la agricultura: solo de naranjas, en el año 1860 se producían casi ocho mil toneladas, además de almendras, uvas y manzanas.
Pero en 1865 una plaga que afectó a los naranjos lo cambió todo. La miseria obligó a muchos sollerenses a emigrar: algunos marcharon a América —Puerto Rico, México o Cuba—, donde cultivaron café, azúcar o elaboraban licores; otros se dirigieron a Europa —principalmente Francia, Bélgica y Suiza—, donde abrieron pequeños comercios de alimentación con nombres que evocaban su tierra, como Les Jardins de l’Espagne.
Estos emigrantes entraron en contacto con las nuevas corrientes artísticas y arquitectónicas del modernismo. Tras años de trabajo, muchos regresaron a Sóller. Aquí, ya ricos y respetados, decidieron construir las casas que hoy conocemos. En Francia habían vivido modestamente, a menudo en la trastienda de sus negocios; aquí, en Sóller, pudieron levantar auténticos símbolos de prestigio.
Este es el contexto en el que el modernismo abrió camino en el valle. Primero, a través de las instituciones y los edificios más representativos; después, en las viviendas particulares y en elementos más populares.
Y todo ello puede contemplarse concentrado en la plaza de la Constitución, un espacio donde convivían los tres grandes poderes de la época: el económico, el religioso y el político.