Can Cremat
Este edificio fue construido por iniciativa de su propietario, Ramón Casasnovas, empresario zapatero, con el fin de unificar vivienda y lugar de trabajo. De este modo se levantó un edificio de trazado neogótico muy característico del modernismo, como veremos también en la Parròquia de Sant Bartomeu.
La fachada es extremadamente horizontal, de tres cuerpos, con una gran cantidad de aberturas en cada planta, todas rematadas con decoraciones florales sobre sus arcos mixtilíneos. El piso superior está coronado por un frontón central escalonado y unas torretas laterales con almenas que intensifican el recuerdo de un castillo medieval. En este frontón todavía puede verse un escudo alegórico de la industria zapatera.
Con esta estructura tan palaciega fue fácil que, tras la quiebra de la industria zapatera, hacia los años sesenta se transformara en un hotel, modificando también el jardín y añadiendo una piscina. Sin embargo, el hotel de entonces no duró demasiado y, en los años ochenta, los sollerics pudieron disfrutar de las instalaciones de Can Cremat gracias a que acogió durante varios años la Associació Sollerica de Cultura Popular, actualmente ubicada en Can Dulce, donde se llevaron a cabo todo tipo de actividades culturales. Desde principios de los años 2000 volvió a funcionar como hotel.
Un dato curioso es que de esta fábrica, local y casi podríamos decir que provincial, salió una gran cantidad de las botas que utilizó el ejército francés durante la Primera Guerra Mundial. Debemos recordar que ello fue posible gracias a los buenos contactos de los sollerics con Francia a causa de la emigración.




