Hotel La Vila
Conocido en la actualidad por su uso comercial como hotel urbano, este edificio, que consta de planta baja y dos pisos, nos muestra el estilo modernista en todo su esplendor, tanto en la fachada, donde destaca la balconada de hierro forjado con una decoración geométrica y floral, junto con el frontispicio realizado íntegramente en piedra gris, como en el interior, donde existe una gran profusión de elementos modernistas, desde los pavimentos hasta los techos.
Comenzando por la entrada, cabe mencionar la escultura de una figura femenina realizada en bronce que sostiene la lámpara del inicio de la escalera, atribuida al escultor solleric Cristòfol Quintana. En el interior también destacan los arrimaderos de mármol, la barandilla de forja de la escalera y las pinturas en medallones de los techos de las habitaciones de la planta noble, realizadas por el artista local Miquel Campins, que muestran paisajes e imágenes de Francia y de Sóller.
Asimismo, los pavimentos son de baldosa hidráulica y corresponden a diseños de la casa Butsems de Barcelona, seguramente elegidos por catálogo, donde cada habitación presenta modelos únicos, como si se tratara de grandes alfombras bordadas.
Su promotor fue, a principios del siglo XX, el ejemplo típico de solleric que hizo fortuna en Francia y quiso dar a conocer su riqueza, no solo económica, sino también cultural. Un hecho curioso es que la ostentación de la decoración modernista se encuentra más en el interior que en el exterior, ya que, en circunstancias similares, los sollerics preferían mostrar su nuevo estatus con frontispicios bien decorados, puesto que era lo primero que veía la gente desde la calle.
Este inmueble estaba dividido en dos viviendas: Can Mindus y Can Mames (actualmente la heladería de Can Pau). Será este segundo apodo el que dará origen a la conocida expresión sollerica de que «…pasa aquí y en Can Mames de plaça!», para referirse a que cuando ocurre algo, acaba sabiéndolo todo el mundo.
















